PRESENCIA VIVA DE LA CABALA II
LA CABALA CRISTIANA

FEDERICO GONZALEZ - MIREIA VALLS

CAPITULO VIII
LA CABALA EN ESPAÑA

Teresa de Ávila
En este apartado hemos de correr apuros y queremos compartir ello con nuestros lectores, especialmente lectoras, ya que es sabido que la madre Teresa de Jesús, de Avila, escribió casi todo lo que produjo dedicado a las monjas de las casas y monasterios que fundó. Eso sólo, el hacer partícipes a las mujeres de su vida mística, de su matrimonio con Cristo, es extraordinario desde el punto de vista de la transmisión de lo sagrado, y de la participación de la mujer en este negocio, que cada cual puede repetir en su alma, pues el Amado está presto a darse en esa entrega de cada quien. Sólo esto es espectacular como es espectacular todo en su persona al punto de que la consideramos lo más alto en la escala humana y una extraordinaria protagonista de la religión más ortodoxa, pese a que la autoridad eclesiástica tuviese conflictos con ella, sus allegados y su obra, ya que algunos de sus libros fueron prohibidos y sus conventos inspeccionados y ella misma sospechosa de herejía y constantemente perseguida –acaso por el hecho mismo de su feminidad– por el medio que, ya se sabe, odia todo lo que es extraño a él y detesta en su mediocridad lo que ignora.

En casi toda su obra está presente la necesidad del amor por Dios que se concreta en el estado de arrobo y éxtasis que le produce su unión mística con el enviado e intermediario, con el que se ensambla por el beso (de la muerte), una figura que también utiliza la Cábala, como muchas otras cosas esenciales donde se conjugan en la propia Santa, la antigua tradición hebrea representada por el Antiguo Testamento, y el Nuevo, sin ninguna contradicción, pues ambos conforman un solo legado, aunque el segundo contenga para Teresa la Buena Nueva de la Salvación.

Todo elogio que se pueda hacer desde el punto de vista humanista, o simplemente humano a esta doctora de la Iglesia, es siempre vano por innecesario, dada la calidad de su prédica y los niveles de conocimiento que posee y ha necesitado transmitir, por el simple hecho de haber sido escogida, don que agradece todo el tiempo y la mantiene viva, su alma unida a quien el Cantar de los Cantares llama Rey, con quien se enlaza, en la oración, especialmente la mental o contemplativa, método que enseña (y que también lo hace la Cábala), esperando esos chispazos (gilgulim) que la traerán al ser, en una boda muchas veces intelectual con el Amado que se apodera de ella fugazmente para luego abandonarla. Por lo que su motor es el deseo, siempre inacabado y nunca del todo satisfecho, como lo es también en el ánima del cabalista el temor a Dios, el respeto a lo sagrado y majestuoso y la inseguridad perenne que se vive como pura y simple ignorancia

Es fácil seguirla, porque siempre franca y veraz, no tiene empacho en contarlo todo, comenzado con su vida, su recorrido espiritual, en el nivel de la piedad y el fervor, pero siempre notorio es el Amor que la guía, la conforma y huye de su lado, pero vuelve a atraerla desde la penuria espantosa en que se encuentra, en lo que considera con toda razón pruebas que debe vencer para conquistar la presencia del Amado, que la obstaculiza, pero no para perderla, sino para cerciorarse de su Amor. Ha de jugar este juego toda su existencia, al punto que se podría tomar como el mejor ejemplo de la vida religiosa, que incluye un Dios externo y una "personalidad" individualizada que se esfuerza y desvive para alcanzar la identidad en el fervor, la oración muda, o mejor, callada, y el inmenso deseo de llegar al Ser, siempre esquivo, o sea, de ser o haber sido elegida/o, con una señal indeleble en la frente del sujeto. Y esto nos hace santos y se puede por la virtud llegar a serlo, siempre que se rece con fuerza, y se haya uno abandonado a la pobreza, padezca fríos, no se pueda bañar, nos dediquemos al ayuno u otros padecimientos, –tampoco exagerar ya que la vida misma los trae, dice Teresa– para llegar ceñida a la obediencia a unirse con Su Majestad, que atrae como la obsesión, pero también es el remolino del que sale siendo triunfadora, la más fuerte y capaz en un mundo tan difícil, complicado y competitivo.

Pero donde resulta imposible seguir los paralelos entre su obra y la Cábala es en el nivel en que ambas se sitúan; la Cábala es metafísica, la prédica de Teresa religiosa; aunque en algunas ocasiones –en su papel de sabia, es decir doctora de la Iglesia– deje la puerta abierta a estados más misteriosos que la cópula con un rey por la que el alma percibe todos los gozos y eso parece ser todo. Pero sin embargo esta forma individualizada –propietaria– del Ser, subsiste y prevalece en la totalidad de su literatura pues siempre es el ego el que asciende por las moradas del castillo del alma y es constantemente el Ser al que se encuentra; no hay todavía idea de lo que No Es, las formas negativas del Nombre Divino, y se ve sólo lo que es, o mejor, se cree que lo que se vive es lo único que pueda ser por la misma función unitaria y totalizadora del Ser.

Empero, la ascensión por las esferas, propia de los sistemas filosóficos gnósticos es la misma que los cabalistas realizan en el Arbol Sefirótico, lo que inspiró a Teresa en la compresión de un sistema practicable de ascenso intelectual cósmico (no supracósmico) a las puertas del Ser Universal,564 habiendo elevado su conocimiento a lo Uno, al Dios del mundo y en el mejor de los casos a la triunidad de los Principios Ontológicos, que de por sí es una hazaña no fácilmente emulable, obtenida por la gracia de Dios.

En todo caso lo que deseamos destacar aquí es la similitud de su situación de amante siempre dispuesta a la generación y al servicio, con la Shekhinah, la presencia, o mejor, la inmanencia divina en este mundo en el que vivimos llamado Malkhuth, susceptible de ser fecundado por Tifereth, esplendor divino, el inefable Metatron, a su nivel el más alto nombre por el que desciende la gracia y asciende el amor conjugándose en la Belleza y siempre en el Secreto.

Pero el Arbol de la Vida tiene distintos niveles, que son mundos en el espacio del alma. No sabemos en este sentido dónde podrán haber sido escuchadas sus oraciones y avisos en el ámbito del Ser Universal, pero es un hecho que su discurso es exterior, apegado a la "personalidad", y pensando en los premios y recompensas que se obtendrán después de la muerte, dando demasiada importancia a las obras y no a la gracia, tal cual los "cristianos" de hoy aunque sin la hipocresía que generalmente los caracteriza.

La religión es el plano en que se mueve Teresa y al que entrega su vida al igual que lo hacen los rabinos y sus esposas, pues el hecho de la distinción entre metafísica y religión es perfectamente válido y constatable tanto entre los judíos como entre los cristianos. No exclusivamente en el período histórico al que estamos aludiendo, marcado por la Inquisición, sino en cualquier comunidad israelí activa y normal, como en tantas ciudades europeas y americanas, donde el uso del aparato religioso fuera posible. No sólo es verdad que la Cábala es independiente de la religión, sino que ella es perseguida por las sinagogas en muchas ocasiones, convirtiéndose estas así, en un impedimento a la realización espiritual más alta, lo que es lo mismo que sucede y ha sucedido en el cristianismo. La jerarquía eclesiástica frente al Conocimiento.

No nos compete ni nos interesa preguntarnos a qué nivel de Conocimiento habrá llegado la de Avila, mucho menos juzgar acerca de aquello que nos es desconocido, sólo advertir aquí y allá, algún rastro en su mensaje que la empariente no sólo con lo judío –que llevaba en su sangre– como con algún resabio cabalístico, lo que no sería raro dado el florecer de ese Arbol en la España (Sefarad bíblico) de siglos anteriores, y la perdurable impronta de estos saberes que se hubiesen conservado, hasta volver a fecundar en tiempos y aún en religiones nuevas, y que pudieran ser considerados rebrotes de antiguas tradiciones, o mitos que volvían a encarnar religando –¡qué importa ahora a qué nivel!– cielo y tierra, volviendo a mencionar una auténtica salida al más allá que puede efectivizarse, usando términos hindúes, por el hatha yoga, el karma yoga, o el yoga bhakti, o vía devocional, la que parece ser la de la Santa, aunque incluso el jnani en parte le toca, yoga valorizado como la más alta jerarquía espiritual y que se corresponde con la Sabiduría, los Principios Arquetípicos y el No Ser, aunque a esta altura del viaje, quién, entre los hombres, sería capaz de decirnos qué es lo que nos está sucediendo, qué somos, perdidas ya las estructuras de la identidad.565

Nadie más humano que Teresa de Ahumada, ése es el asunto, limitado en cuanto se desea lo suprahumano, lo que ni siquiera es luz o sonido, sino sólo la noche profunda, o esto tampoco; en todo caso no una negación de algo que es, sino el estado pre-larval de la Posibilidad Universal. Y esto es el En Sof cabalístico, la presencia abrumadora e inmodificable de lo no-finito. Y esa característica crea una forma de ver completamente opuesta a lo religioso, ya que la imagen de la deidad no es afirmativa, o la afirmación de la deidad no es destacada, sino su origen increado. Como se puede apreciar, una perspectiva otra.

De otro lado no está mal lo que se entiende por virtudes, pero muchas son las apariencias con que se suelen envolver; no conoce "el bueno" nada por "bueno", a lo sumo obtiene autosatisfacción y alabanzas del personal y finalmente cree lo que piensan de él y él mismo ha actuado; el engaño es absoluto, de ida y vuelta, pero eso ya se sabe, todos estamos "en el mismo lodo" –lo que es exacto– y mejor no llegar tarde al reparto de virtudes con el sexito bien sellado y anotarse a la lista oficial, que siempre gana.

Una de esas virtudes es la pobreza, pasaporte de lujo para el otro mundo. Pero las monjas no saben que no hay mayor pobreza que abandonar todas las creencias –la identidad– y quedarse sin nada, sin necesidad de hacer el simulacro egótico de abandonar la fortuna, que por algo se posee, y dejar que ésta se diluya sin provecho.

Otra es el sacrificio que quiere decir "hacer sagrado" a todos los niveles y no sólo privarse de tal o cual golosina, empero totalmente material y sin ninguna grandeza. Por lo que un orden que vive casi exclusivamente de la Obediencia a los superiores, todos enclaustrados, es muchas veces insalubre para las auténticas virtudes alejadas de lo pequeño y complicado, de lo minúsculo, queridas hermanas cerebro de mosquito. Pero desde luego la vida conventual puede alcanzar altos niveles siempre que la competencia en las virtudes no llegue a ratings excesivos.

La castidad no es el mayor problema pero la homosexualidad y las más complicadas perversiones visitan mucho los conventos, convertidos en el laboratorio experimental de aquel demonio que tanto temen. ¿Es acaso garantía de algo el claustro? Tal vez la de no tener que lidiar con los asaltantes de caminos, que no es poco.

Tampoco creemos en el dolor buscado como medio de purificación, ni en la imbecilidad de las "promesas" anudadas a los "santos"; ni siquiera creemos en la voluntad sino en la entrega, y pensamos que el Dios único tiene diversos nombres y distintas estancias, muchas veces contradictorias. El Dios Rey, tiende al combate y al fanatismo. Anda metiendo mucho ruido y ofende al silencio y la Paz. Esa forma de la deidad que signa al catolicismo más ortodoxo, y su paredro israelita, apenas es compatible con el reconocimiento del No Ser y de la Triunidad Ontológica, es decir lo que corresponde al Ser en su plano más elevado. Por lo que puede considerarse todo este esfuerzo de los conventos como algo innecesario en el camino del Conocimiento, o al menos una vía que puede ser evitada pese a la carga "oficial" y supuestamente moral que poseen estas "virtudes", muchas veces contraproducentes e insanas como todo lo que supuestamente se agota en sí mismo: la virtud por la virtud, el arte por el arte, la ciencia sólo por la ciencia etc., igualmente el cumplimiento de la norma no es red suficiente para atrapar al Amado.

Estas son sólo algunas distinciones entre el enfoque religioso, en este caso judío-cristiano,566 y la perspectiva metafísica, es decir cabalística, hermética, aunque podríamos enumerar muchísimas otras, que diferencian estos criterios que el vulgo suele unificar y que es casi imposible que los individuos en esta situación cultural comprendan.

A lo largo de su vida, la santa tuvo que padecer mucho la estupidez humana (su propia estupidez), de la que constantemente caía presa al descender de su utopía y volver a las andadas sintiendo la culpa de las pecadoras, imágenes sórdidas totalmente opuestas a las que suele alcanzar, cuando vuela libre, lo que la hunde intelectualmente en la dualidad, en la dicotomía, crucificada entre el bien y el mal, y en la necesidad de destacar sólo a la unidad religiosa por la que opta, simplificando el tema.567

De todo ello da cuenta su Obra Completa que se alza como un castillo en el páramo de la intemperie castellana. Comenzaremos con su Vida, publicada en 1574 de modo manuscrito cuando la monja tenía casi sesenta años, e inmediatamente recogida de circulación por la Inquisición a donde el libro había sido denunciado. Pero las copias también manuscritas se multiplican de inmediato, llegando una de ellas a manos de Fray Luis de León quien la editó en 1588 junto con el resto de su obra en Salamanca. Este libro fue escrito a pedido de su confesor. Felipe II colocó con unción, según parece, un ejemplar en la biblioteca del Escorial donde se venera su Obra.

En él, ya de entrada, está presente la sensación de culpa por no ser buena sierva de Su Majestad –que no es Felipe de Habsburgo– y por eso "como quien se veía obligada a servir de más" por lo que de niña ya soñaba como otras niñas con el martirio.

Así, en el capítulo 1:
Desde que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos ser ermitaños; y en una huerta que había en casa procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas pie­drecillas, que luego se nos caían, y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me daba Dios, tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que eran hartas, en especial el rosario, del que mi madre era muy devota, y así nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, hacer monasterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba serlo, aunque no tanto como las cosas que he dicho.

Acuérdome que cuando murió mi madre quedé yo de edad de doce años, poco menos. Como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con muchas lágrimas. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a Ella y, en fin, me ha tornado a sí. Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no haber yo estado entera en los buenos deseos que comencé.568
En el capítulo 10 ya comienza a declarar las mercedes que el Señor le hacía en la oración:
Tenía yo algunas veces, como he dicho, aunque con mucha brevedad pasaba, comienzo de lo que ahora diré. Acaecíame en esta representación que hacía de ponerme cabe Cristo que he dicho, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en El. Esto no era manera de visión; creo lo llaman "mística teología". Suspende el alma de suerte que toda parecía estar fuera de sí: ama la voluntad, la memoria me parece está casi perdida, el entendimiento no discurre, a mi parecer, mas no se pierde; mas, como digo, no obra, sino está como espantado de lo mismo que entiende; porque quiere Dios entienda que de aquello que Su Majestad le representa, ninguna cosa entiende.

Y es cosa muy cierta que, mientras más vemos estamos ricos, sobre conocer somos pobres, más aprovechamiento nos viene, y aun más verdadera humildad. Lo demás es acobardar el ánimo a parecer que no es capaz de grandes bienes, si en comenzando el Señor a dárselos comienza él a atemorizarse con miedo de vanagloria. Creamos que quien nos da los bienes, nos dará gracia para que, en comenzando el demonio a tentarle en este caso, lo entienda, y fortalezca para resistir; digo, si andamos con llaneza delante de Dios, pretendiendo contentar sólo a El, y no a los hombres.569
Hay también relación entre el Supremo Bien y los padecimientos del cuerpo, la enfermedad:
Ya sabe Su Majestad nuestra miseria y bajo natural mejor que nosotros mismos, y sabe que ya estas almas desean siempre pensar en El y amarle. Esta determinación es la que quiere; este otro afligimiento que nos damos no sirve de más de inquietar el alma, y si había de estar inhábil para aprovechar una hora, que lo está cuatro. Porque muy muchas veces (yo tengo grandísima experiencia de ello y sé que es verdad, porque lo he mirado con cuidado y tratado después a personas espirituales) que viene de indisposición corporal; que somos tan miserables, que participa esta encarceladita de esta pobre alma de las miserias del cuerpo; y las mudanzas de los tiempos y las vueltas de los humores muchas veces hacen que, sin culpa suya, no pueda hacer lo que quiere, sino que padezca de todas maneras; y mientras más la quieren forzar en estos tiempos, es peor y dura más el mal; sino que haya discreción para ver cuándo es de esto, y no la ahoguen a la pobre. Entiendan son enfermos; múdese la hora de la oración y hartas veces será algunos días; pasen como pudieren este destierro, que harta mala ventura es de un alma que ama a Dios ver que vive en esta miseria y que no puede lo que quiere, por tener tan mal huésped como este cuerpo.

Así que torno a avisar –y aunque lo diga muchas veces no va nada– que importa mucho que de sequedades ni de inquietud y distraimiento en los pensamientos, nadie se apriete ni aflija. Si quiere ganar libertad de espíritu y no andar siempre atribulado, comience a no espantarse en la cruz, y verá como se la ayuda también a llevar el Señor y con el contento que anda y el provecho que saca de todo; porque ya se ve que, si el pozo no mana, que nosotros no podemos poner agua. Verdad es que no hemos de estar descuidados, para que, cuando haya, sacarla; porque entonces ya quiere Dios por este medio multiplicar las virtudes.570
Del mismo modo podemos observar que el apasionado –y apasionante– discurso de la monja es más extravertido que introvertido, y los puntos de referencia de su espacio mental son pirotécnicos aunque por momentos es, sorprendentemente, el de una mendiga, conformándose con las migajas que le tira su amo. Cosa curiosa en una mujer tan clara y orgullosa:
No se ha de entender que digo esto por el subir con el pensamiento a pensar cosas altas de el cielo o de Dios, y las grandezas que allá hay y su gran sabiduría; porque, aunque yo nunca lo hice (que no tenía habilidad, como he dicho, y me hallaba tan ruin, que aun para pensar cosas de la tierra me hacía Dios merced de que entendiese esta verdad, que no era poco atrevimiento, cuanto más para las del cielo), otras personas se aprovecharán, en especial si tienen letras, que es un gran tesoro para este ejercicio, a mi parecer, si son con humildad. De unos días acá lo he visto por algunos letrados, que hace poco que comenzaron y han aprovechado muy mucho; y esto me hace tener grandes ansias porque muchos fuesen espirituales, como adelante diré.

Pues lo que digo "no se suban sin que Dios los suba", es lenguaje de espíritu; entenderme ha quien tuviere alguna experiencia, que yo no lo sé de decir si por aquí no se entiende. En la mística teología que comencé a decir, pierde de obrar el entendimiento, porque le suspende Dios…

… y así lo que el Señor no me ha enseñado, no lo procuro, si no es lo que toca a mi conciencia.

Torno otra vez a avisar que va mucho en no subir el espíritu si el Señor no le subiere; qué cosa es se entiende luego. En especial para mujeres es más malo; que podrá el demonio causar alguna ilusión; aunque tengo por cierto no consiente el Señor dañe a quien con humildad se procura llegar a El, antes sacará más provecho y ganancia por donde el demonio le pensare hacer perder.571
Numerosísimos temas y fenómenos acaecen en su vida, en especial después de los veintiséis años donde comienzan a sucederse sus distintas visiones y voces y lo que piensa de ellas, alejada ahora del temor a que el demonio fuese su inspirador y aconsejada por confesores y directores espirituales que terminan por apoyarla. Teresa sabe que tiene un don para la literatura y lo deja correr haciendo muy amenos sus textos que son mucho más entretenidos que las Confesiones de San Agustín, siendo que el género autobiográfico apenas está tratado en ambas religiones (judeocristianismo).572

Una de las cuestiones más singulares de sus talentos radica en sus visiones, como hemos dicho, que expone detalladamente en algunos de sus libros, y que por momentos parecen conformar un sistema análogo a otros como la conocida relación que se ha hecho entre el hinduismo y su método; en particular, no es arbitraria la comparación entre las siete moradas y los siete chakras del yoga que se van abriendo en el camino ascendente del conocimiento. No nos cabe duda que las descalzas del Carmelo han seguido y aún han de seguir las enseñanzas de Teresa sobre la manera de recibir esas visiones, cuya puerta de entrada es la oración, aunque en alguna ocasión se habla literalmente de una imagen, como el cuadro de Cristo muy ensangrentado que provocó su primera visión, o la entrega pronunciada frente a una pintura de la Virgen, a los doce años, a la muerte de su madre, que la ha amparado siempre pese a ser un acto de magia casera.573

No podemos detenernos exhaustivamente en estas apariciones de lo divino en la de Avila pues en un libro como el que estamos escribiendo no deseamos demorarnos en análisis psicológicos de tal o cual categoría o condición, sino presentar un perfil lo más nítido posible de cada uno de los autores españoles del Renacimiento en los que descubrimos rastros o trazas del pensamiento cabalístico después de la expulsión, cuya mayor expresión es la oración, (al igual que en este caso), que comparten, por otra parte, tanto el pensamiento religioso como el metafísico.

En sus Moradas del Castillo Interior Teresa caracteriza con el lenguaje de los teólogos y hombres de la Iglesia que consultaba alguna de estas visiones y palabras.

En el capítulo 8 trata de la visión espiritual e intelectual:
… cuando Su Majestad quiere, no podemos sino andar siempre con El, como se ve claro por las maneras y modos con que Su Majestad se nos comunica y nos muestra el amor que nos tiene, con algunos aparecimientos y visiones tan admirables que, por si alguna merced de éstas os hiciere no andéis espantadas…

Acaece, estando el alma descuidada de que se le ha de hacer esta merced ni haber jamás pensado merecerla, que siente cabe sí a Jesucristo nuestro Señor, aunque no le ve, ni con los ojos del cuerpo ni del alma. Esta llaman visión intelectual, no sé yo por qué. Vi a esta persona que le hizo Dios esta merced –con otras que diré adelante–, fatigada en los principios harto; porque no podía entender qué cosa era, pues no la veía, y entendía tan cierto ser Jesucristo nuestro Señor el que se le mostraba de aquella suerte, que no lo podía dudar –digo que estaba allí aquella visión–; que si era de Dios o no, aunque traía consigo grandes efectos para entender que lo era, todavía andaba con miedo, y ella jamás había oído visión intelectual, ni pensó que la había de tal suerte; mas entendía muy claro que era este Señor el que le hablaba muchas veces de la manera que queda dicho; porque hasta que le hizo esta merced que digo, nunca sabía quién le hablaba, aunque entendía las palabras.

Sé que estando temerosa de esta visión (porque no es como las imaginarias, que pasan de presto, sino que dura muchos días, y aun más que un año alguna vez) se fue a su confesor harto fatigada. El la dijo que, si no veía nada, que cómo sabía que era nuestro Señor; que le dijese qué rostro tenía. Ella le dijo que no sabía, ni veía rostro, ni podía decir más de lo dicho; que lo que sabía era que era El el que le hablaba, y que no era antojo. Y aunque le ponían hartos temores, todavía muchas veces no podía dudar, en especial cuando le decía: "No hayas miedo, que yo soy". Tenían tanta fuerza estas palabras, que no lo podía dudar por entonces, y quedaba muy esforzada y alegre con tanta buena compañía; que veía claro serle de gran ayuda con una ordinaria memoria de Dios, y un miramiento grande de no hacer cosa que le desagradase, porque le parecía la estaba siempre mirando. Y cada vez que quería tratar con Su Majestad en oración, –y aun sin ella– le parecía estar tan cerca que la podía dejar de oír; aunque el entender de las palabras no era cuando ella quería, sino a deshora, cuando era menester. Sentía que andaba al lado derecho, mas no con estos sentidos que podemos sentir que está cabe nosotros una persona; porque es por otra vía más delicada, que no se debe de saber decir, mas es tan cierto y con tanta certidumbre, y aun mucho más; porque acá ya se podría antojar, mas en esto no, que viene con grandes ganancias y efectos interiores, que ni los podría haber, si fuese melancolía, ni tampoco el demonio haría tanto bien, ni andaría el alma con tanta paz y con tan continuos deseos de contentar a Dios y con tanto desprecio de todo lo que no la llega a El.574



Juan Rojas y Ausa, Representaciones de la Verdad Vestida, Místicas, Morales y Alegóricas sobre las siete Moradas de Santa Teresa. Madrid, 1679.

Vengamos ahora a las visiones imaginarias:
Ahora vengamos a las visiones imaginarias, que dicen que son adonde puede meterse el demonio más que en las dichas, y así debe de ser, mas cuando son de nuestro Señor, en alguna manera me parecen más provechosas, porque son más conformes a nuestro natural; salvo de las que el Señor da a entender en la postrera morada, que a éstas no llegan ningunas.

Aunque digo imagen, entiéndase que no es pintada al parecer de quien la ve, sino verdaderamente viva, y algunas veces se está hablando con el alma y aun mostrándole grandes secretos.

Acaece a algunas personas (y sé que es verdad, que lo han tratado conmigo, y no tres o cuatro, sino muchas) ser de tan flaca imaginación, o el entendimiento tan eficaz, o no sé que es, que se embeben de tal manera en la imaginación, que todo lo que piensan, claramente les parece que lo ven; aunque si hubiesen visto la verdadera visión, entenderían mucho sin quedarles duda el engaño; porque van ellas mismas componiendo lo que ven con su imaginación, y no hace después ningún efecto, sino que se quedan frías, mucho más que si viesen una imagen devota.

Así como cuando fue derrocado San Pablo, vino aquella tempestad y alborotó en el cielo, así acá en este mundo interior se hace gran movimiento; y en un punto –como he dicho– queda todo sosegado, y esta alma tan enseñada de unas tan grandes verdades, que no ha de menester otro maestro; que la verdadera sabiduría, sin trabajo suyo, le ha quitado la torpeza, y dura con una certidumbre el alma de que esta merced es de Dios, algún espacio de tiempo, que aunque más le dijesen lo contrario, entonces no la podrían poner temor de que puede haber engaño.

Y con esto no andéis turbadas ni inquietas, que aunque no fuese de Dios, si tenéis humildad y buena conciencia, no os dañará, que sabe Su Majestad sacar de los males bienes, y que por el camino que el demonio os quería perder, ganaréis más.575
Y en el capítulo 11:
Pues vienen veces que estas ansias y lágrimas y suspiros y los grandes ímpetus que quedan dichos (que todo esto parece procedido de nuestro amor con gran sentimiento, mas todo no es nada en comparación de esto otro, porque esto parece un fuego que está humeando y puédese sufrir, aunque con pena); andándose así esta alma abrasándose en sí misma, acaece muchas veces por un pensamiento muy ligero o por una palabra que oye de que se tarda el morir, venir de otra parte –no se entiende de dónde ni cómo– un golpe, o como si viniese una saeta de fuego (no digo que es saeta, mas cualquier cosa que sea, se ve claro que no podía proceder de nuestro natural; tampoco es golpe, aunque digo golpe; más agudamente hiere, y no es donde se sienten acá la penas –a mi parecer–, sino en lo muy hondo y íntimo del alma), adonde este rayo, que de presto pasa todo cuanto halla de esta tierra de nuestro natural y lo deja hecho polvo, que por el tiempo que dura es imposible tener memoria de cosa de nuestro ser; porque en un punto ata las potencias de manera que no quedan con ninguna libertad para cosa, sino para las que le han de hacer acrecentar este dolor.576
Hemos estudiado el comentario de Ezra de Gerona sobre el Cantar de los Cantares577 y también lo que escribió sobre ello Fray Luis como llevamos dicho. Ahora nos interesaría publicar algún trozo del Cantar, glosado por Teresa. En el capítulo 1-11, página 426 y ss:
"Béseme con beso de su boca". ¡Oh, Señor mío y Dios mío, y qué palabra es esta para que diga un gusano a su Criador! ¡Bendito seáis Vos, Señor, que por tantas maneras nos habéis enseñado! Mas ¿quién osara, Rey mío, decir esta palabra si no fuera con vuestra licencia? Es cosa que espanta, y así espantará decir yo que la diga nadie. Dirán que soy una necia, que no quiere decir esto, que tiene muchas significaciones, que está claro que no habíamos de decir esta palabra a Dios, que por eso es bien estas cosas no las lean gentes simples.

Yo confieso, que tiene muchos entendimientos; mas el alma que está abrasada de amor que la desatina, no quiere ninguno sino decir estas palabras; sí, que no se lo quita el Señor. ¡Válgame Dios!; ¿qué nos espanta? ¿No es de admirar más la obra? ¿No nos llegamos al Santísimo Sacramento? Y aun pensaba yo si pedía la esposa esta merced que Cristo después nos hizo. También he pensado si pedía aquel ayuntamiento tan grande, como fuese Dios hombre, aquella amistad que hizo con el género humano. Porque claro está que el beso es señal de paz y amistad grande entre dos personas.

… porque estas palabras y otras semejantes que están en los Cantares, dícelas el amor; y como no le tienen, bien pueden leer los Cantares cada día y no ejercitarse en ellas; ni aun las osarán tomar en la boca, que verdaderamente aun oírlas hace temor, porque traen gran majestad consigo.
Y en el capítulo 3, todo es amor en la entrega:578
Pues ¿qué remedio, hijas? Pedir con la esposa. Si una labradorcilla se casase con el rey y tuviese hijos, ¿ya no quedan de sangre real? Pues si a una alma nuestro Señor hace tanta merced, que tan sin división se junte con ella, ¡qué deseos, qué efectos, qué hijos de obras heroicas podrán nacer allí, si no fuese por su culpa!

¡Oh, Señor del cielo y la tierra, que es posible que aun estando en esta vida normal se pueda gozar de Vos con tan particular amistad y que tan a las claras lo diga el Espíritu Santo en estas palabras, y que aun no lo queramos entender qué son los regalos con que tratáis con las almas en estos Cánticos! ¡Qué requiebros, qué suavidades!, que había de bastar una palabra de éstas a deshacernos en Vos.

Seáis bendito, Señor, que por vuestra parte no perderemos nada. ¡Qué de caminos, por qué de maneras, por qué de modos nos mostráis el amor! Con trabajos, con muerte tan áspera, con tormentos, sufriendo cada día injurias y perdonando; y no sólo con esto, sino con unas palabras tan heridoras para el alma que os ama, que la decís en estos Cánticos y la enseñáis que os diga, que no sé yo cómo se pueden sufrir, si Vos no ayudáis para que las sufra quien las siente, como ellas merecen, sino conforme a nuestra flaqueza.

Pues, Señor mío, no os pido otra cosa en esta vida sino que me "beséis con beso de vuestra boca", y que sea de manera, que aunque yo me quiera apartar de esta amistad y unión, esté siempre, Señor de mi vida, sujeta mi voluntad a no salir de la vuestra, que no haya cosa que me impida pueda yo decir. Dios mío y gloria mía, con verdad que "son mejores tus pechos y más sabrosos que el vino".
Y todo es embriaguez bebiendo el vino de estos pechos que nos transportan más allá, a nuestra propia raíz, a la esencia del origen, a la deidad:
Porque adonde he dicho, digo lo que el alma ha de hacer aquí para aprovecharnos, y esto no es sino para dar a entender algo de lo que voy tratando, no quiero alargarme más de que en esta amistad (que ya el Señor muestra aquí al alma, que la quiere tan particular con ella, que no haya cosa partida entrambos) se le comunican grandes verdades. Porque esta luz que la deslumbra –por no entenderlo ella lo que es– la hace ver la vanidad del mundo. No ve al buen Maestro que la enseña, aunque entiende que está con ella; mas queda tan bien enseñada y con tan grandes efectos y fortaleza en las virtudes, que no se conoce después ni querría hacer otra cosa ni decir, sino alabar al Señor; y está, cuando está en este gozo, tan embebida y absorta, que no parece que está en sí, sino con una manera de borrachez divina, que no se sabe lo que quiere, ni qué dice, ni qué pide. En fin, no sabe de sí, mas no está tan fuera de sí que no entienda algo de lo que pasa.

Mas cuando este Esposo riquísimo la quiere enriquecer y regalar más, conviértela tanto en Sí, que, como una persona que el gran placer y contento la desmaya, le parece se queda suspendida en aquellos divinos brazos y arrimada a aquel sagrado costado y aquellos pechos divinos. No sabe más de gozar, sustentada con aquella leche divina, que la va criando su Esposo y mejorando para poderla regalar y que merezca cada día más. Cuando despierta de aquel sueño y de aquella embriaguez celestial, queda como cosa espantada y embobada y con un santo desatino. Me parece a mí que puede decir estas palabras: "Mejores son tus pechos que el vino", porque cuando estaba en aquella borrachez parecíale que no había más que subir; mas cuando se vio en más alto grado y toda empapada en aquella innumerable grandeza de Dios y se ve quedar tan sustentada, delicadamente lo comparó, y así dice: "Mejores son tus pechos que el vino". Porque así como un niño no entiende cómo crece ni sabe cómo mama –que, aun sin mamar él ni hacer nada, muchas veces le echan la leche en la boca–, así es aquí, que totalmente el alma no sabe de sí ni hace nada ni sabe cómo ni por dónde –ni lo puede entender– le vino aquel bien tan grande. Sabe que es el mayor que en la vida se puede gustar, aunque se junten juntos todos los deleites y gustos del mundo; vése criada y mejorada, sin saber cuándo lo mereció; enseñada en grandes verdades, sin ver el Maestro que la enseña; fortalecida en las virtudes, regalada de quien tan bien lo sabe y puede hacer. No sabe a qué compararlo, sino al regalo de la madre que ama mucho al hijo y le cría y regala.

¡Oh, cristianos y hijas mías!, despertemos ya, por amor del Señor, de este sueño y miremos que aun no nos guarda para otra vida el premio de amarle; en ésta comienza la paga. ¡Oh, Jesús mío, quién pudiese dar a entender la ganancia que hay de arrojarnos en los brazos de este Señor nuestro y hacer un concierto con Su Majestad: que mire yo a mi Amado y mi Amado a mí, y que mire El por mis cosas y yo por las suyas! No nos queramos tanto que nos saquemos los ojos, como dicen.579
Se nos ha alargado este acápite que merece ser tratado más extensamente, aunque no hemos querido privarnos del gusto de terminar copiando cuatro de sus poesías, las que al igual que las de Fray Luis ya mencionadas y otras que citaremos al tratar de San Juan de la Cruz en el apartado siguiente, nos traen evocaciones difusas de la primera juventud, cuando fueron leídas por primera vez, tal como le ha sucedido a varias generaciones. Van a continuación cuatro poesías-remembranzas, las número 1, 2, 24, y 33:
1. Mi Amado para mí.

Ya toda me entregué y di – Y de tal suerte he trocado – Que mi Amado para mí – Y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador – Me tiró y dejó herida – En los brazos del amor, – Mi alma quedó rendida, – Y cobrando nueva vida – De tal manera he trocado – Que mi Amado para míY yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha – Enherbolada de amor – Y mi alma quedó hecha – Una con su Criador; – Ya yo no quiero otro amor, – Pues a mi Dios me he entregado, – Y mi Amado para míY yo soy para mi Amado.580


2. Muero porque no muero.

Vivo sin vivir en mí – Y tan alta vida espero – Que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí – Después que muero de amor, – Porque vivo en el Señor – Que me quiso para Sí. – Cuando el corazón le di – Puso en él este letrero: – Que muero porque no muero.

Esta divina prisión – Del amor con que yo vivo – Ha hecho a Dios mi cautivo – Y libre mi corazón; – Y causa en mí tal pasión – Ver a Dios mi prisionero, – Que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida, – Qué duros estos destierros, – Esta cárcel y estos hierros – En que el alma está metida! – Sólo esperar la salida – Me causa dolor tan fiero, – Que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga – Do no se goza el Señor! – Porque si es dulce el amor, – No lo es la esperanza larga: – Quíteme Dios esta carga – Más pesada que el acero, – Que muero porque no muero.

Sólo con la confianza – Vivo de que he de morir, – Porque muriendo el vivir – Me asegura mi esperanza. ­– Muerte do el vivir se alcanza, – No te tardes, que te espero, – Que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte; – Vida, no me seas molesta, – Mira que sólo te resta, – Para ganarte, perderte; – Venga ya la dulce muerte, – Venga el morir muy ligero, – Que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba, – Que es la vida verdadera, – Hasta que esta vida muera – No se goza estando viva. – Muerte, no seas esquiva; – Viva muriendo primero, – Que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle – A mi Dios que vive en mí, – Si no es perderte a ti – Para mejor a El gozarle? – Quiero muriendo alcanzarle, – Pues a El solo es al que quiero. – Que muero porque no muero.581


24. Hacia la patria.

Caminemos para el Cielo, – Monjas del Carmelo. – Vamos muy mortificadas, – Humildes y despreciadas, – Dejando la honra en el suelo, – Monjas del Carmelo.

Al voto de la obediencia – Vamos, no hay resistencia, – Que es nuestro blanco y consuelo, – Monjas del Carmelo.

La pobreza es el camino, – El mesmo por donde vino, – Nuestro Emperador del cielo, – Monjas del Carmelo.

No deja de nos amar – Nuestro Dios, y nos llamar – Sigámosle sin recelo, – Monjas del Carmelo.

En amor se está abrasando – Aquel que nació temblando – Envuelto en humano velo, – Monjas del Carmelo.

Vámonos a enriquecer – A donde nunca ha de haver – Pobreza ni desconsuelo, – Monjas del Carmelo.

A el padre Elías siguiendo – Nos vamos contradiciendo – Con su fortaleza y celo, – Monjas del Carmelo.

Nuestro querer renunciado, – Procuremos el doblado – Espíritu de Eliseo, – Monjas del Carmelo.582


33. Decid, cielos y tierras.

Decid, cielos y tierras; decid, mares; – Decid, montes y valles y collados; – Decid, viñas y mieses y olivares; – Decid, hierbas y flores; decid, prados:

Decidme dónde está – Aquel que hermosura y ser os da.

Ángeles que mirándole gozáis, – Animas que le amáis y poseéis, – Esposas que este Esposo deseáis – Y sus brazos dulces pretendéis: Decidme dónde está – Aquel que hermosura y ser os da.

¡Ay! Nada me responde, todo calla; – Porque, callado Vos, todo está mudo; – Mi alma en sí le busca y no le halla, – Mi corazón de todo está desnudo.

¡Ay! Si se levanta en mí batalla, – ¿Quién será mi defensa, quién mi escudo? – ¡Ay, gozo de mi alma y gloria mía! – ¿Cómo en tal ausencia habré buen día?

¡Ay! ¿Dónde os havéis ido, amado Esposo? – ¿Por qué dejáis a solas al que os ama? – ¿Dónde están vuestros rayos, sol hermoso? – ¿Por qué havéis escondido vuestra llama?

Si tras el pecador andáis ansioso, – ¿Por qué no respondéis a quien os ama? – ¿Por qué escondéis el rostro, dulce amigo? – ¿Por qué me reputáis como enemigo?

¿Por qué sin me hablar quisisteis iros? – ¿Por qué no me hablasteis al partir? – Muévanos, dulce Amado, los suspiros – Que envío hasta veros yo venir.

O venid o mandad poder seguiros. – O, si no, me mandad, Señor, morir. – No me mandéis vivir sin tener vida, – No viva yo sin ver vuestra venida.

Si estáis, Amado mío, en las alturas, – Dadme alas con que suba donde estáis. – Si moráis en las almas que son puras, – ¿Por qué esta pobre alma no apuráis?

Si tenéis aposento en las criaturas, – mostradme en cuáles de ellas reposáis, – Dó está vuestro aposento, amor suave, – Porque sin Vos el mundo no me sabe.

Aves que resonáis dulces canciones, – Serpientes, animales y cetáceos;

Decidme si sabéis adónde está – Aquel que hermosura y ser os da.583
Con todo y estas bellezas, nos pesa el hecho de que a partir de la santa y su camino hacia Dios, se haya uniformado su sistema –su yoga– basado en la devoción y solo el amor (aunque ya hemos afirmado que no excluye a la Sabiduría), como la única vía, prácticamente, de realización espiritual y llamar a esa posibilidad "misticismo", lo mismo que en el judaísmo, asimilándolo a la religión y a la muchas veces vaga noción de un Dios creador y totalizador-totalizante, como si fuera una entidad individual que no difiere de otras creadas salvo en su poder, o tamaño. En síntesis, una forma de concebir la deidad mediante la forma de Jesús y en otros casos materializada como una diosa virgen, siempre de modo humano.

Dijimos al comenzar este estudio que nos veríamos en apuros al tratar a Teresa y es precisamente esto lo que se ha presentado. Por una parte valorizamos su obra y su vida, por otra sabemos que la religión no es la metafísica, por propia experiencia, y que es un nivel distinto y por momentos opuesto; pues consideramos a su pensamiento como reduccionista en la búsqueda del Conocimiento.

Cuando desgraciadamente la imagen de lo "místico" ha suplantado a la Sabiduría de siempre y hasta se juzga el Conocimiento de otras realidades en relación con las costumbres, "técnicas" y conductas de las carmelitas descalzas y aún se equiparan esas "virtudes" con las metafísicas orientales, (las que vendrían a ser más de lo mismo), estamos ante equívocos gruesos a sortear y bordeamos el tema de la religión judía y el misticismo en relación con la Cábala, es decir, con la tradición metafísica de Israel y su sabiduría grabada en el Arbol sefirótico.

Todo nuestro homenaje a Teresa de Ahumada, rogando al Altísimo nos provea con su celo ejemplar, y ponernos como ella bajo la protección del profeta Elías –Eliseo incluido, que fueron arrebatados al cielo y allí están vivos–, como también lo hacían los alquimistas de la época que lo conocían como Elías-Artista.

Como vemos, por razones cíclicas, el sabio ha sido reemplazado por el santo.


Próximamente:
Juan de la Cruz



NOTAS
564
565 No falta tampoco quien, lamentablemente, piensa que las mujeres, por su propia naturaleza que creen servil y conservadora no pueden alcanzar sino niveles relativos de conocimiento –lo que les impide el sacerdocio–, entorpecidas por sus limitaciones, sólo capaces de creer en lo que es material, o existencial, de alguna manera concreto y formal, ejemplo de lo que es más acá y no más allá; lo que dicen es la regla, a lo que objetamos, de que en el caso que eso fuera cierto, lo que parece improbable, siempre habrá excepciones.
566 Y también islámico. Es decir las tres religiones abrahámicas a las que corres­ponde realmente el vocablo "religioso" a diferencia de todas las otras espiri­tualidades presentes o pasadas, comenzando por el paganismo y siguiendo con el hinduismo, el budismo, el Extremo Oriente, etc., más abiertas a lo metafísico y menos apegadas a lo histórico, político y exclusivamente monoteísta en lo exterior.
567 En la duda no te abstengas sino que busca tu seguridad. El bien es tu elección, el mal, si lo niegas no existe. Opta por la unidad religiosa, Dios mismo te lo indica, parece decirse a sí misma la conciencia de la descalza.
568 Santa Teresa de Jesús, Obras Completas. Transcripción, introducción y notas de Efraín de la Madre de Dios, O. C. D. y Otger Steggink, O. Carm., Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1986, pág. 35.
569 Ibid., pág. 66-67.
570 Ibid., pág. 74-75.
571 Ibid., pág. 76-77.
572 Ver Morris M. Faierstein, Jewish Mystical Autobiographies, Book of Visions and Book of Secrets. Paulist Press, New Jersey, 1999.
573 Obras Completas, Libro de Vida, op. cit., pág. 35.
574 Ibid., pág. 552-553.
575 Ibid., pág. 556 y ss.
576 Ibid., pág. 563.
577 Ver Federico González-Mireia Valls, Presencia Viva de la Cábala, op. cit.
578 Obras completas, op. cit., pág. 448-449.
579 Ibid., capítulo 4, pág. 450-453.
580 Ibid., pág. 654.
581 Ibid., pág. 654.
582 Ibid., pág. 665.
583 Ibid., pag. 670.